El crío que imaginaba cosas que no podía construir
De pequeño me pasaba las horas con la música puesta, dando vueltas por la habitación, imaginando cómo sería tal cosa si pasara tal otra. Tenía ideas todo el rato. Y ni una sola forma de convertirlas en algo.
Esa es la parte que nadie te cuenta de tener imaginación de niño: es una frustración constante. Ves clarísimo algo que no puedes tocar, y encima no tienes ni el dinero ni el conocimiento ni la edad para intentarlo.
Estudié un grado medio de informática. Tardé poco en darme cuenta de que lo odiaba. No el ordenador — estar quieto. Me gusta la calle, me gusta la gente, me gusta hablar. Terminé el grado y me planté: un año sabático para aclararme.