Vendedor · Fundador de Solentis

Nadie me enseñó a vender. Me enseñaron a aguantar.

Tengo 21 años. A los 18 caminaba treinta kilómetros al día con un traje empapado preguntando a desconocidos si querían vender su casa. Casi todos me dijeron que no. Hoy dirijo mi propia agencia. Esto es todo lo que pasó en medio.

Aaron Alba, con traje, sentado frente a un espejo
Dónde estoy hoy

Los números, sin maquillar

Prefiero enseñar cifras que pueda defender delante de un cliente antes que capturas de pantalla que no significan nada.

10ventas en la primera semana de Solentis
12zonas turísticas cubiertas
48horas para cerrar un presupuesto
3años vendiendo, desde los 18

Son cifras reales de lo que hemos hecho. Ni proyecciones, ni medias del sector, ni capturas de una app de pagos.

La historia

Empezó porque no quería volver a casa con las manos vacías

No hay ningún golpe de suerte aquí. Hay una temporada muy mala, una calle por la que no había pasado nunca y la cabezonería de no rendirme delante de mis padres.

01

El crío que imaginaba cosas que no podía construir

De pequeño me pasaba las horas con la música puesta, dando vueltas por la habitación, imaginando cómo sería tal cosa si pasara tal otra. Tenía ideas todo el rato. Y ni una sola forma de convertirlas en algo.

Esa es la parte que nadie te cuenta de tener imaginación de niño: es una frustración constante. Ves clarísimo algo que no puedes tocar, y encima no tienes ni el dinero ni el conocimiento ni la edad para intentarlo.

Estudié un grado medio de informática. Tardé poco en darme cuenta de que lo odiaba. No el ordenador — estar quieto. Me gusta la calle, me gusta la gente, me gusta hablar. Terminé el grado y me planté: un año sabático para aclararme.

02

El año sabático duró tres semanas

Un sabático sin dinero, viviendo con tus padres, dura lo que tarda la primera discusión. Y no hizo falta que nadie me dijera nada: yo ya me veía. Un tío de cien kilos en casa comiendo, gastando luz y agua, sin estudiar ni trabajar.

Salí a buscar trabajo más por huir de esa conversación que por convicción. Era un día gris, con niebla. Me encendí un cigarro, y yo no fumo. Eché a andar por una calle por la que no había pasado nunca — en la ciudad donde llevaba dieciocho años viviendo.

Llevas toda la vida en un sitio y resulta que no lo conoces. Eso debería decirte algo.

Y vi un cartel en un escaparate: buscaban gente sin experiencia, con formación a cargo de la empresa. Llamé desde la acera. Me contestó un hombre jadeando, con la voz agitada, que me dijo eufórico que si podía pasarme el sábado por la oficina. Era viernes por la noche.

Dije que sí. No tenía nada mejor y no tenía nada que perder.

03

Traje, cuarenta grados y treinta kilómetros al día

Comercial en una inmobiliaria. Fijo más comisiones. Y el trabajo era exactamente lo que sonaba: ir portal por portal preguntando a la gente si quería vender su casa.

Meses de traje con cuarenta grados a la sombra. Treinta kilómetros andando cada día. Porteros que me echaban, vecinos que me cerraban el telefonillo a media frase, gente que me insultaba antes de que terminara de presentarme.

Me cultivé en el no. Cuando te dicen que no doscientas veces, la doscientas una ya no te duele.

Y aquí está lo importante, porque es lo único que de verdad me llevé de allí: eso no se enseña en ningún curso. No hay vídeo, ni PDF, ni mentor que te lo meta en el cuerpo. Se aprende comiéndotelo. Yo pasaba los descansos en la oficina por no volver a casa, y seguía saliendo a la calle al día siguiente.

04

El día que hice las cuentas

Un piso de doscientos mil euros. La empresa se llevaba miles de euros de comisión por la operación. Yo me llevaba el seis por ciento de esa comisión.

Me senté a hacer los números y no me lo creía. Estaba vendiendo el producto más caro que compra una persona en toda su vida, quemándome las suelas al sol, para llevarme las migajas de las migajas.

Si puedo vender esto siendo empleado, puedo venderlo igual o mejor siendo yo el jefe.

Ese pensamiento no se me fue en semanas. Y un día lo junté todo — el traje absurdo, el sol, los treinta kilómetros, el seis por ciento — y lo mandé todo a la mierda.

05

Descubrí para qué servía de verdad

Mi habilidad nunca fue vender pisos. Era ser el puente: encontrar a alguien que necesita algo, encontrar a quien sabe hacerlo, y ponerlos en contacto quedándome la diferencia.

Webs, reformas, construcción. Todo lo que me llegaba. Buscaba quién lo hacía barato, yo cobraba lo que valía en el mercado, y el margen era mío. Por primera vez el dinero que entraba dependía de lo bueno que fuera yo, no de lo que alguien decidiera pagarme.

Durante años trabajé con un programador de Pakistán. Una web me la pagaban a cuatrocientos euros y a él le pagaba cincuenta. Sobre el papel era perfecto. En la práctica se retrasaba, entregaba con faltas de ortografía y me dejó mal delante de varios clientes a los que yo había dado la cara. Lo dejé.

Ese era mi techo y lo sabía: vendía más rápido de lo que nadie me podía construir.

06

El año en el que no salió nada

Probé de todo lo que había: Shopify, ecommerce, dropshipping. Perdí dinero en trading y en cosas peores. Ninguna funcionó. Ni una.

Y entonces pasó lo que no sale en ningún vídeo de motivación: me dio una crisis de ansiedad y un vacío existencial que me dejó completamente perdido. Sin saber quién era ni para qué servía.

Lo cuento porque todo el mundo lo esconde, y luego parece que al resto le fue bien a la primera.

No le fue bien a nadie a la primera. Lo que pasa es que la parte fea no se publica.

07

La noche que encajó todo

Descubrí que había una inteligencia artificial capaz de construir producto de verdad. La probé y se me fue la cabeza. El techo que llevaba años arrastrando acababa de desaparecer: ya no dependía de nadie para construir lo que vendía.

Esa misma noche monté un CRM sobre una base de datos pública de negocios españoles y un sistema de llamadas. Llamé a varios colegas. Nos pusimos a llamar negocios sin parar, y les enseñé a llamar — que era lo único que yo sabía hacer bien, lo que me habían enseñado a hostias en la calle tres años antes.

La primera semana hicimos diez ventas.

Seguimos. Fuimos delegando. Hoy eso se llama Solentis, tiene equipo, clientes en toda la costa y software propio que cumple la normativa española de facturación.

Los treinta kilómetros al día no fueron tiempo perdido. Eran la formación.

Aaron Alba con traje negro
Aaron Alba sonriendo, con traje gris
Aaron Alba con americana azul marino
Mentalidad

Cuatro cosas que me habría gustado que alguien me dijera a los dieciocho

El no es el producto

Nadie vende sin comerse cientos de noes primero. La gente que "tiene don" lo que tiene es kilometraje. Si el rechazo todavía te duele, es que llevas poco tiempo. No es un defecto tuyo: es el contador.

Ser el puente vale más que ser el mejor

No hace falta que seas quien mejor hace algo. Hace falta que seas quien conecta a quien lo necesita con quien lo hace. Esa posición se paga, y se paga bien, y casi nadie la ocupa porque parece que no es "hacer nada".

Haz las cuentas de lo que te llevas tú

Mucha gente está orgullosa de vender mucho sin haber calculado nunca qué porcentaje acaba en su bolsillo. Yo tardé meses en sentarme a hacerlo. El día que lo hice, me fui.

Las herramientas mueven el techo, no el esfuerzo

Durante años mi límite fue depender de otro para construir. Cuando eso cambió no me volví más listo de repente: se me quitó un freno que llevaba puesto sin saberlo. Estar atento a cuándo se mueve tu techo es media carrera.

El proyecto

Solentis

Diseño web, SEO y software de gestión a medida para negocios que viven del turismo en la costa española, con facturación que cumple la Ley Antifraude desde el primer día. Es lo que construimos cuando dejamos de tocar portales y empezamos a llamar negocios.

12zonas cubiertas
48hpresupuesto cerrado
8idiomas
Ver Solentis
Contenido

Lo que voy contando

Cosas que aprendo vendiendo, errores que cometo y lo que veo en los negocios que me llaman. Sin guion de vídeo motivacional.

Vídeo 1
Vídeo 2
Vídeo 3
Trabajar conmigo

Dos formas, y ninguna te promete hacerte rico

Puedo enseñarte lo que sé hacer, o puedo hacerlo por ti. Lo que no puedo es garantizarte un resultado que depende de las horas que le eches tú.

Para tu negocio

Que Solentis te lo monte

desde 400€ presupuesto cerrado
  • Web, SEO y ficha de Google
  • CRM a medida con facturación VeriFactu
  • Fotografía profesional y tomas con dron
  • Diagnóstico gratuito antes de pagar nada
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Para ti

Aprender a vender por teléfono

Plazas limitadas consultar
  • El guion real con el que llamamos, no uno de ejemplo
  • Cómo manejar las objeciones que salen siempre
  • Escuchamos tus llamadas y te corrijo sobre ellas
  • Montar tu propia lista de negocios a los que llamar
Escríbeme

Aviso honesto: esto no es un método para hacerse rico ni te garantiza ingresos de ningún tipo. Es lo que a mí me funcionó, contado tal cual, y depende por completo de las horas que le eches. Si buscas a alguien que te prometa cifras, no soy yo.

Hablamos

Cuéntame qué tienes entre manos

Escríbeme y te contesto yo. Si lo tuyo es montar un negocio o arreglar el que ya tienes, te digo de frente si puedo ayudarte o no.

© Aaron Alba Solentis